De las virtudes del romero puede escribirse un libro entero

En los días de otoño me gusta recolectar romero silvestre, dejarlo secar y tenerlo listo para usarlo durante el invierno. Entre el romero que cultivo en un tiesto y el silvestre es notable el aroma intenso que desprende este último, algo que muy probablemente como sostienen muchos expertos en hierbas, se deba a la concentración de aceites esenciales que posee, ya que durante su ciclo natural este arbusto mediterráneo está expuesto a temporadas de sequía y por lo tanto concentra menos agua que el de cultivo.

Suelo encontrarlo muchas veces creciendo con las raíces casi al descubierto, entre rocas y matorrales en los bosques que rodean Barcelona. Siempre me alegra descubrir una planta de romero en mis baños de bosque, ya que es junto al tomillo un pequeño faro aromático a los que acercarse, frotar las manos contra sus hojas, aspirar su esencia penetrante durante un instante y seguir con el paseo.

Rosmarinus officinalis o romero, seco y listo para almacenar.

En términos de sabor, lo encuentro relativamente amargo, por ende desde la perspectiva de la medicina tradicional china podemos pensar en un efecto enfriador, con especial acción sobre el hígado. Aunque al no ser un arbusto perteneciente a la farmacopea tradicional china, es difícil establecer su uso en términos de efectos sobre los meridianos. Igualmente algunas clasificaciones modernas le otorgan capacidad de mover la sangre y beneficiar a los meridianos del pulmón, el hígado, el corazón, el bazo y el riñón.

No dudo de que las hierbas chinas puedan tener efectos curativos (si son usadas y recetadas por un verdadero experto herbolario) aunque creo la utilización de hierbas y alimentos de proximidad siempre tendrá más qi o fuerza vital que un producto que ha viajado miles de kilómetros y del que muchas veces no sabemos nada sobre cómo y quiénes lo han producido.

Regresando a nuestro protagonista, como bien expresa la sabiduría popular en el refrán “De las virtudes del romero puede escribirse un libro entero”, comparto entonces aquí algunas propiedades en la medicina popular y desde la visión china:

La bella flor del romero, cuya forma se asemeja a la de una orquídea en miniatura.

Antibacteriano, antiinflamatorio, antioxidante, relajante, calma el Shen, tónico yang, reduce los dolores musculares (el alcohol de romero es bastante conocido para este uso), ayuda a los pulmones cuando hay mucosidad, beneficia el bazo.

Mi uso favorito del romero es en caldos, sobre todo para compensar el sabor dulce al agregar carne de pollo (la carne se considera un sabor dulce en la medicina china), u otros componentes que puedan ser clasificados como dulces, por ejemplo el boniato o el maíz. Mientras escribo estas líneas se cuece en mi cocina una gran olla de caldo que contiene estos ingredientes.

Otro uso común es dejar sus hojas en maceración en aceite de oliva virgen y es aquí donde podemos saborear ese amargor característico del romero El sabor amargo es uno importante que hay que incorporar, ya que en general está poco presente y nuestra dieta suele ser demasiado “dulce”, es decir comemos demasiados productos de origen animal, que como mencionaba antes caen en esa categoría, y si lo vamos incorporando nos ayudará a compensar este desequilibrio. Tal como evoca su nombre en latín, rosmarinus o “rocío del mar”, en referencia a sus bellas flores azules que florecen en primavera y otoño, el romero siempre puede tener un lugar en nuestra cocina orientada a la salud y en nuestra memoria olfativa de recuerdos gratos.